No sé en qué momento de mi vida oí hablar de Kavafis y su ciudad, no sé si fue una de tantas noches de filosofeo 'postmoderno', o quizás otra de esas de rituales nublados por el humo, o quizás fue en una peli vista muchas veces (si alguno de vosotros que me estais leyendo compartisteis conmigo ese momento, porque lo único que tengo claro es que no estaba sola, os agradecería mucho que me lo recordarais).
Lo que sí sé es que he huido en el espacio muchas veces. Estas huidas desesperadas me han llevado unas veces muy lejos y otras no tanto. Y todas y cada una de las veces que he huido, no sé si de mi ciudad, de mi situación, de la gente o en realidad de mí misma, lo que sí sé es que 'la ciudad' se ha venido conmigo y la huida ha sido inútil, siempre he regresado.
La ciudad la llevo dentro, para lo malo para también para lo bueno. Ahora que estoy enfermita(aunque ya no tanto y ahora me empezaré a quejar por el placer de recibir cuidados aunque sean a través de la red, ^^), ahora que estaba pensando en ir al cine esta tarde, hoy que Carol me ha dejado un post en mi fotolog diciendo que tomáramos un café aunque ella esté en Palermo y yo en Soria; me doy cuenta de que mi ciudad siempre va conmigo y que tan solo con la presencia de alguien dejaría todo esto de ser una teoría etérea, y se materializaria en un instante.
Si ahora saliera y tomara un chocolate bien calentito en 'La York' (bombonería soriana por excelencia) estaría tomando un chocolate en Soria, pero si en lugar de sola lo hiciera con algunos de los habitantes de 'mi ciudad', el espacio desaparecería.
Por eso siempre ha sido tan hogareño tomar un helado en una plaza de La Trinidad a 7 horas de Zamora, o una cocacola con 'una nuñez' en la Plaza de Herradores, o atravesar Atlanta tras un disco esperado y solo encontrando carteles de 'sold out', o unas cervezas agrias en bar perdido de Andorra, o una cerveza por 75 cents. en un portal de Oporto.
En esos momentos en los que no estás en casa y te sientes en casa igualmente. Es la magia de las relaciones interpersonales, hasta qué punto somos también los que nos rodean y hasta qué punto somos nosotros mismos si no están.
No es que me haya dado un ataque de ñoñería, que no suele, ni que tantas medicinas me tengan drogada, que ya podrían. Es que estos últimos días he estado hablando mucho de introspección, de plenitud personal, de realización individual, con alguien que verdaderamente sí ha alcanzado ese estado, pero solo basado en uno mismo. Y tiene buena pinta, lo veo muy acertado, si logras estar bien contigo mismo y que los demás sean algo accesorio...nada puede fallar.
Pero ¿Es eso a lo que tendemos?¿es así cómo seremos auténticamente felices?¿qué hacemos los que como yo nos sabemos producto de todas la influencias personales recibidas en tantos años de vida? ¿tenemos que tender hacia la individualidad para alcanzar la plenitud?.
No es lo que quiero. Pero lo que sí sería genial hoy, sería que al salir del cine, entre el tumulto de gente que rebusca su mechero en el bolsillo, apareciera cualquiera de los habitantes de 'mi ciudad' (los de ahora, los de antes, los residentes o los turistas, no importa cuál.) y tomarnos un té con leche muy muy caliente y mientras hablar y hablar y hablar y reir...........
Como no creo que vaya a poder ser, así que lo he hecho con mi blog, podeis leerlo con un taza calentita en las manos y casi será igual... aunque me asusta que esto tenga pinta de manual de autoayuda ..burrrrr...(escalofríos me dan, las medicinas me están produciendo más efectos de los que pensaba) ^^